sábado, diciembre 03, 2005

Venezuela en Ebullición

Este domingo se adelantarán en Venezuela elecciones legislativas y municipales. Desde hace una semana, la oposición dio un volantín repentino y anunció que no participaría. Nada más parecido a un suicidio. Así lo advirtió Teodoro Petkoff, el único opositor sensato que tiene el presidente Hugo Chávez. El Gobierno por su parte, en boca del jefe de Estado, calificó la actitud de la oposición como “un paro electoral subversivo, orquestado por los Estados Unidos como principio de la campaña para derrocar al Gobierno constitucional”.
Aducen los opositores abstencionistas que no hay garantías para tomar parte en los comicios del 4 de diciembre. El pretexto es flojo, porque existe una veeduría internacional destinada a verificar que las garantías a la oposición sean plenas y suficientes, y a denunciar si no lo son; pero el presidente Chávez no puede garantizarles a sus opositores que saldrán victoriosos. De hecho está en el ambiente venezolano que el verdadero motivo del efugio de la oposición, calculado a una semana de la justa electoral, ha sido el temor muy justificado de que será barrida en las urnas. El vicepresidente Rangel ha puntualizado la situación con esta frase gráfica: “se jodieron, porque habrían podido tener hasta veinticinco [diputados] y ahora no van a tener ninguno”.
A Petkoff lo embarga la misma sensación. Con su abrupta –para no decir que estúpida—retirada, la oposición no conseguirá otra cosa que entregarle al Gobierno el dominio absoluto del poder legislativo. De nada sirve hablar de “totalitarismo parlamentario”. Son los electores los que escogen y si, como lo ha pedido el Gobierno, la votación alcanza el setenta por ciento de los sufragios, lo oposición quedará demolida, no por culpa del Gobierno, sino porque ella así lo quiso.
¿Qué validez contienen las declaraciones del presidente Chávez en el sentido de que el retiro de los opositores obedece a maniobras del Gobierno de George W. Bush, el “libertador” de Irak? (Lo último lo digo yo, no Chávez). Si recordamos que en el árbol de América Latina no se mueve una hoja sin la voluntad de los Estados Unidos, Chávez está en lo cierto. Y si el gobierno de Hugo Chávez es hoja que se mueve contra de la voluntad de los Estados Unidos, a nadie le quepa duda que nuestro imperial vecino del Norte acudirá a todas las instancias para derrocar un gobierno adverso a su voluntad omnipotente.
Venezuela es un país en ebullición revolucionaria. Chávez, apoyado por una clara mayoría, ha comenzado a desmontar el régimen oligárquico venezolano y a establecer la verdadera democracia. Sus contradictores, que han tratado de tumbar un gobierno legítimo y constitucional, mediante golpes de cuartel y huelgas prefabricadas, que han hecho lo posible por arruinar la economía venezolana con tal de perjudicar al Gobierno de Hugo Chávez, que han mentido en todas las formas sobre las acciones del gobierno bolivariano, acusan a Chávez de dictador. Lo cierto es que al supuesto “dictador” no se le ha podido comprobar todavía ni el menor gesto de arbitrariedad. A la acorralada gavilla oligárquica (esa sí una dictadura despiadada) la enfurece perder el dominio férreo que ejercía sobre las vidas de los habitantes de Venezuela, de ese noventa y cinco por ciento que no tenía el privilegio, ni la suerte de estar en la rosca que se enriqueció con el trabajo nacional.
En las elecciones del domingo el pueblo de Venezuela le va a dar a su oligarquía feudal en extinción un mazazo contundente.